El silencio en la biblioteca de la mansión Valcárcel era tan denso que casi se podía masticar. Desde la trágica muerte de su esposa Leonor en un aparatoso accidente automovilístico seis meses atrás, Damián se había recluido en esa habitación, atrapado en un duelo que lo consumía en vida.
El ataúd siempre estuvo sellado. Las autoridades le habían asegurado que el impacto y el fuego voraz habían hecho imposible cualquier despedida a ataúd abierto. Damián enterró una pesada caja de madera barnizada y, con ella, enterró también su propia alma. Esa noche lúgubre, Damián despertó de madrugada en su Leer más









